Un titipuchal de reporteros esperaba en el sitio preciso por donde Diego Figueroa Figueroa, presuntamente liberado la víspera, hizo su aparición o parición, que para el caso es lo mismo, en su carro de lujo y ataviado con un suéter de diseñador con un look que solamente recordaba a Papá Noel o a Robinson Cruzado. No había ni entrado al humilde jacalón que demostraba su vociferada pobreza, cuando los medios lo rodearon y le pidieron unas “palabras Diego, please, please me”. -- En verdad os digo que como buen mochilón, como un hombre de fe y un político oportuno, que no oportunista, he perdonado a mis secuestradores, así como perdono a todos los niños y niñas que siempre me han temido creyendo que yo soy el viejo barbón que se los va a llevar si se portan mal. -- Diego, Dieguito ¿Le daban de comer? -- Claro que sí, como marrano. -- ¿O se mucho? No, puro pasojo. -- ¿Y te podías bañar? -- Si en algo me he distinguido siempre, es en caer siempre parado y salir bien bañado de tod...
La vida vuelve a repetirse...