─ Queremos dos cosas. Dijo el licenciado Boterón. Queremos que cubran mi peso en oro y que paguen el agujero fiscal que se ha hecho por darle chamba a tanto azulito sin oficio ni beneficio. Han sido tiempos difíciles, dijo leyendo un discurso que sonaba a un alumno de preparatoria leyendo un trabajo colectivo.
Lo que no dijo el egregio Boteron, fue que habían gastado inmen
sas cantidades en promover la venta de garaje en Pemex, y como luego no se hizo, hubo que pagarle el cuerno de la luna que habían pedido los chicos de la Kissinger Gang. También, que se le habían ido las cabras hasta el barranco cuando pronosticaron que la economía totonaca estaba blindada y que no le daría ni un catarro aunque la Casa Negra se fuera a pique.
─ Nuestra economía se enfermo de gripe porcina, confeso Boterón. Y ya no pudo evitar un suspiro mientras decía entre dientes: Pobre Grampus, tan cerca de San Lázaro y tan lejos de Wall Street.
Frente a las cámaras, habló de la patria, la bandera, la madre, la familia y todas esas cosas que hacen que la totonaquiza suelte el llanto más denso que una guajolota del Metro Nativitas. La verdad es que el agujero fiscal era tan grande que el maxiministro y su familia no lo alcanzarían a tapar.

El discurso de Boterón mostraba que en su desesperación Grampus había caído en la trampa del imborrable. Por un lado había aconsejado el choque financiero y por la otra aconsejado al cabo rojitas, para que enllegando el paquete fiscal lo mandara a Chimalhuacan vía Cacahuamilpa e impusiera la minoría que hace mayoría con los verdejos, para hacer garras al gobierno planteado por Pinky y ahora seguido por Cerebro, y sostenido por María Centeno.
A los pocos días las tonadas cambiaban y mientras en San Lázaro, rojitas haría lo posible por ponerle su capilla al imborrable, los de la Gruta Atlacomula querían usar la coyuntura para lucirse y de aso decirle al imborrable y a María centeno que ya estaban de más, y que Quike abusadito era ahora el jefe de la orquesta tricolor.
Y como ya hasta Televicio y TV manteca andaban cuestionado el paquete de Porcel, pusieron en marcha el plan J y Producciones Genaras montó un show en el aeropuerto, para los venales, perdón, canales de televicio y Manteca pudieran tener un Chow para distraer a la naquiza.
Así, entre dimes y diretes y macizos que se soñaron aeropiratas, iba poco a poco desenrollándose el guamazo. Como quiera se sabía que se iban a abrochar al paisanaje, lo único que faltaba decidir era si los ponían con vista al mar o de plano de capirucho.
Lo que no dijo el egregio Boteron, fue que habían gastado inmen
sas cantidades en promover la venta de garaje en Pemex, y como luego no se hizo, hubo que pagarle el cuerno de la luna que habían pedido los chicos de la Kissinger Gang. También, que se le habían ido las cabras hasta el barranco cuando pronosticaron que la economía totonaca estaba blindada y que no le daría ni un catarro aunque la Casa Negra se fuera a pique.─ Nuestra economía se enfermo de gripe porcina, confeso Boterón. Y ya no pudo evitar un suspiro mientras decía entre dientes: Pobre Grampus, tan cerca de San Lázaro y tan lejos de Wall Street.
Frente a las cámaras, habló de la patria, la bandera, la madre, la familia y todas esas cosas que hacen que la totonaquiza suelte el llanto más denso que una guajolota del Metro Nativitas. La verdad es que el agujero fiscal era tan grande que el maxiministro y su familia no lo alcanzarían a tapar.

El discurso de Boterón mostraba que en su desesperación Grampus había caído en la trampa del imborrable. Por un lado había aconsejado el choque financiero y por la otra aconsejado al cabo rojitas, para que enllegando el paquete fiscal lo mandara a Chimalhuacan vía Cacahuamilpa e impusiera la minoría que hace mayoría con los verdejos, para hacer garras al gobierno planteado por Pinky y ahora seguido por Cerebro, y sostenido por María Centeno.
A los pocos días las tonadas cambiaban y mientras en San Lázaro, rojitas haría lo posible por ponerle su capilla al imborrable, los de la Gruta Atlacomula querían usar la coyuntura para lucirse y de aso decirle al imborrable y a María centeno que ya estaban de más, y que Quike abusadito era ahora el jefe de la orquesta tricolor.
Y como ya hasta Televicio y TV manteca andaban cuestionado el paquete de Porcel, pusieron en marcha el plan J y Producciones Genaras montó un show en el aeropuerto, para los venales, perdón, canales de televicio y Manteca pudieran tener un Chow para distraer a la naquiza.
Así, entre dimes y diretes y macizos que se soñaron aeropiratas, iba poco a poco desenrollándose el guamazo. Como quiera se sabía que se iban a abrochar al paisanaje, lo único que faltaba decidir era si los ponían con vista al mar o de plano de capirucho.
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