Ates de iniciar su “habemus confitentem reum”, que muy temprano le había redactado el cabo Perogrullo; el rollizo recaudador se acomodó los espejuelos y miró a los grisputados con rostro de Mama Cash, solamente para darle un matiz diferente a la verdad que conocían hasta los chuchos vagabundos que rodean San Lázaro.
─ El blindaje de la economía se convirtió en catarrito y el catarrito en gripe porcina y el moqueo abrió un agujero inconmensurable que, está a punto de convertirse en un hoyo negro. Dijo el maxi financiero.
--Y el agujero fiscal va a crecer apenas logremos que se aprueben los nuevos impuestos, los cuales permitirán matar a patadas a los virus recesivos que agobian a la economía, aunque eso sí, habría que confesar que hay más probabilidades de que se nos muera en enfermo en la madriza.
Mientras intentaba subir el rostro elefancíaco, el financiero confesó que la idea del paquete era doble, acabar con lo pobres y quedar bien con las calificadoras. Con las calificadoras iban a quedar bien si bajaban el déficit fiscal, y a los pobres pensaban matarlos a patadas o bien con una aumento de precios que cambiara su dieta de tortillas con chile a puro chile.
Mientras los albicianos, para quienes manejar la economía es pagarle a tiempo a los visigodos y mantener la paridad con el billete del imperio, aplaudían al licenciado Boterón, los perretes y los tricocéfalos le expresaban el típico gesto de “no manches tu vida”.
En esa nebulosa mañana, cumplía apenas 15 meses la promesa de, “los voy a sacar de pobres”, que Grampus Albicianus (No confundir con Homero Simpson) hizo a los niños de Polanco. Así que resulta que este trinche gacetillero no estaba tan equivocado cuando dijo que la promesa en realidad se desprendía de un lapsus estúpidus, porque lo que quiso decir el hijo de Chente es que nos iba a sacar bien pobres de su sexenio trágico.
El Boterón confesó que lo mejor del manejo de la economía al término de los tres primeros años, era que ya habían pasado.
─ El paquete incluye ordeñar a los pobres y a los que ya de por si se sienten jodidos, con un pequeño impuesto del dos por ciento. Dijo en tono de merolico.
─ Pero no vean ustedes este impuesto como un gravamen, como un colgarse de los pies del ahorcado, lo cual además es una práctica común en los países desarrollados. Véanlo como un campo de oportunidad para que el gobierno panista pueda meterle beyuyos a las elecciones estatales del 2010, centavenado a los más jodidos, que son los que suman más votos, y si no que lo diga rojitas que fue personero del tricocéfalo.
Aún con el discurso de predicador de la iglesia del cristo azul de los últimos días, el licenciado Boterón no convenció ni a la más vieja de su casa.
Lo más gacho del lío, tan gordo o más que el recaudador, era que ni los albicianus ni los tricocéfalos ni los perretes pensaban en qué era mejor no madrear más al paisanaje, sino de qué forma le hacían creer a la totonaquiza que ellos se estaban aventando un tirito derecho por defenderlos.
Sin embargo en San Lázaro, ni rojitas ni el embajador de chucholandia se inmutaron cuando comenzaron a rasgarse las investiduras en plena tribuna y a gritar que los impuestos estaban mal, pero lo peor, es que fuera la reacción quien los proponía.
Uno a uno, los tricos y los perretes subieron a la tribuna a hacerle al “ay, Laureano”, aunque juraban y perjuraban que no iban a hacer de la coyuntura una causa para captar las cámaras de Telebizca y Manteca.
Y en esas andábamos cuando los de la Tea Charra comenzaron a gritar consignas en las puertas de san Lázaro, mientras que del otro lado los del Sindicato de Electrocutados pedían que el compadre de Zhenli Ye Gon, copelala o cuello.
Y aunque usted ya lo sabe… Esta trinche historieta continuará….
─ El blindaje de la economía se convirtió en catarrito y el catarrito en gripe porcina y el moqueo abrió un agujero inconmensurable que, está a punto de convertirse en un hoyo negro. Dijo el maxi financiero.
--Y el agujero fiscal va a crecer apenas logremos que se aprueben los nuevos impuestos, los cuales permitirán matar a patadas a los virus recesivos que agobian a la economía, aunque eso sí, habría que confesar que hay más probabilidades de que se nos muera en enfermo en la madriza.
Mientras intentaba subir el rostro elefancíaco, el financiero confesó que la idea del paquete era doble, acabar con lo pobres y quedar bien con las calificadoras. Con las calificadoras iban a quedar bien si bajaban el déficit fiscal, y a los pobres pensaban matarlos a patadas o bien con una aumento de precios que cambiara su dieta de tortillas con chile a puro chile.
Mientras los albicianos, para quienes manejar la economía es pagarle a tiempo a los visigodos y mantener la paridad con el billete del imperio, aplaudían al licenciado Boterón, los perretes y los tricocéfalos le expresaban el típico gesto de “no manches tu vida”.
En esa nebulosa mañana, cumplía apenas 15 meses la promesa de, “los voy a sacar de pobres”, que Grampus Albicianus (No confundir con Homero Simpson) hizo a los niños de Polanco. Así que resulta que este trinche gacetillero no estaba tan equivocado cuando dijo que la promesa en realidad se desprendía de un lapsus estúpidus, porque lo que quiso decir el hijo de Chente es que nos iba a sacar bien pobres de su sexenio trágico.
El Boterón confesó que lo mejor del manejo de la economía al término de los tres primeros años, era que ya habían pasado.
─ El paquete incluye ordeñar a los pobres y a los que ya de por si se sienten jodidos, con un pequeño impuesto del dos por ciento. Dijo en tono de merolico.
─ Pero no vean ustedes este impuesto como un gravamen, como un colgarse de los pies del ahorcado, lo cual además es una práctica común en los países desarrollados. Véanlo como un campo de oportunidad para que el gobierno panista pueda meterle beyuyos a las elecciones estatales del 2010, centavenado a los más jodidos, que son los que suman más votos, y si no que lo diga rojitas que fue personero del tricocéfalo.
Aún con el discurso de predicador de la iglesia del cristo azul de los últimos días, el licenciado Boterón no convenció ni a la más vieja de su casa.
Lo más gacho del lío, tan gordo o más que el recaudador, era que ni los albicianus ni los tricocéfalos ni los perretes pensaban en qué era mejor no madrear más al paisanaje, sino de qué forma le hacían creer a la totonaquiza que ellos se estaban aventando un tirito derecho por defenderlos.
Sin embargo en San Lázaro, ni rojitas ni el embajador de chucholandia se inmutaron cuando comenzaron a rasgarse las investiduras en plena tribuna y a gritar que los impuestos estaban mal, pero lo peor, es que fuera la reacción quien los proponía.
Uno a uno, los tricos y los perretes subieron a la tribuna a hacerle al “ay, Laureano”, aunque juraban y perjuraban que no iban a hacer de la coyuntura una causa para captar las cámaras de Telebizca y Manteca.
Y en esas andábamos cuando los de la Tea Charra comenzaron a gritar consignas en las puertas de san Lázaro, mientras que del otro lado los del Sindicato de Electrocutados pedían que el compadre de Zhenli Ye Gon, copelala o cuello.
Y aunque usted ya lo sabe… Esta trinche historieta continuará….

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