Realmente a los asesinadores tricocéfalos les venía guango que se tratara de un ginofobo de closet y que el tío, ahora pudiera cobrar algunos millonecenjos con demandas que tenía contra el Gobierno, más jaladas que las declaraciones de Foxberbio, y las cuales de un lado tendría de abogada a un tal Chávez y del otro un tal Deschavetado, cagatintas del bufete Cebatore.
─ Mire licenciado, los albacianus tenemos que dejar bien claro que lo más importante no es conservar el gobierno sino nuestro despotismo ilustrado. Dijo Don Cebollone al hablar como el apoderado de Grampus. ─Le pido su apoyo para Chávez, es un hombre integro, bueno, dejémoslo en hombre, bueno, usted me entiende.
─ Pues mire, no sé cómo se llegó a eso de qué es un hombre que se integró, pero los Chávez siempre han tenido mi apoyo desde Hugo hasta Julio César yuñior. Aseguró Mangle Fabulus
─ No se manche, le habló de Chávez Deschavetavez.
─ ¡Ah, ese Chávez! ¿Es el de las muertas de Juárez, que no?
─ Eso es un agravio del mujerío. Dijo en tono serio Don Cepillone.
─ ¿Y eso del negociote con el puerto de Altamira?
Don Cebollone que nunca se dejaba ver incómodo, habló pausado, engolando la vox in capela.
─ Invento de los descalzonados. Por eso y otras cosas más busco el apoyo. Eso del negocio con demandas al gobierno es una infamia, ¿Qué son 300 melones de beyuyos para gente como nosotros? Dijo con ese tono de te digo Juan porque te conozco las uñas.
─ Ah no, eso sí. Por cierto, Don Corruptone, tengo unos asuntos pendientes ¿Qué hay con ellos? Dijo Mangle Infame.
─ Dé por hechos los innejercios. Garantizó Don Cebatore.
─ Dé por hechos que llegará a los votos necesarios y un piquito más.
Los dos prohombres luego hablaron del clima, de cómo lucrar con la crisis y de varios asuntos donde se podían bañar más que un administrador de aduana en tiempos de López Portillo.
Y si usted piensa que ahí termina la comedia, hubiera visto lo que ocurrió en las vecindades del salón Prau Prau. N’ hombre, ahí sí que se aventaron unas actuaciones de Ariel Oro con todo y Óscar a la mejor comedia y un Oso de Oro que no tuvo progenitora. Al comparecer el aspirante a desprocurar la justicia, el asesinador Pelonis Mugrillo, se aventó un para de sckechetes, perdón, speaches, en los que con un tono picudo, en el que siempre dijo de que lado mascaba la iguana sin que nadie le pudiera decir que caía en lo obvio, señaló que alea jacta est.
─ Nuestra indecisión habrá de afectar el prestigio, la incapacidad política, la poca libertad, los derechos políticos de los ciudadanos. Por eso es tan importante este nombramiento. Dijo como si nadie pudiera adivinar que el negocio ya estaba más arreglado que Luchía Mengoz.
Y ya en plan canijo, dijo que el desprocurador tenía que ser un funcionario creíble, en el que hasta los que formamos la totonaquiza pudiéramos creer como en un padre justo, y pensar que ora sí iban a investigar los delitos sin dedicarse a los deleites.
Pero luego de unos platos de lengua, y exposiciones de un currículum de quién sabe quién, en los que el Deschavetado mostró que de justicia no sabe nada, pero maniobrero sí era hasta el cepillone, se regresó el Mugidillo Caro y le dijo, pues que le iban a dar Channel, o sea, pues que algo similar al beneficio de la duda, es decir, que aunque sabían que anda torcido, tenía que crear confianza en la sociedad, que si mostrar certeza, que si hasta procurar justicia, que si no enseñar la oreja y que si no le cayeran en que tiene despropósitos para madrear la justicia.
Lo mejor del cuento, no fue de dónde sacó los votos ni por qué los prestó el PRI, para que los albacianus lograran manejar una mayoría, Lo grueso fue cómo le hicieron para que tantos asesinadores perretes, petes y conversos no estuvieran en la ascensión y que con 75 votos bastara para representar una mayoría que de otro forma hubiera necesitado 85.
O sease, es uno de esos milagros de la multiplicación de los votos, que tan bien les sale a los tricocéfalos y tan bien están aprendiendo los alsacianos, bajo la cátedra de María Centeno.
Lo más gacho es que esta trinche historia, va a continuar.


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