Muchos no ven en estas redes sociales, virtuales, poco
virtuosas, carnosas y encarnadas, sino una de tantas maravillas de “los sabios
de Babilonia”. Los son, son más, más sabios y más maravillosos.
Ellas, las redes, nos muestran que no hay una cultura, ni un
país, sino muchos países y muchas culturas, muchos mundos, muchos inmundos,
trotamundos, errantes y errados; muchas ciencias, sapiencias, muchas decencias,
y muchas creencias, muchos dogmas y
revelaciones, y una gran cantidad de cortos
y largos, versos, conversos y perversos, dañados y bañados, vertidos, divertidos y pervertidos.
Y que ellos son, esos, los ignorantes, los ignorados, los incultos, los
sin culto, los fachosos, los desfachatados, los rojillos, los rijosos, los
despistados, los negados, los negadores, los avergonzados, los desvergonzados,
los sinvergüenza, los felones y los
fieles, los fascistas, los facciosos, los conservadores, los conservados, los
conversadores, los pobres, los empobrecidos, los olvidados, los omnipresentes, los
relegados, los regalados, los emitidos y los omitidos, los omisos, los
poderosos, los empoderados, los depauperados, los desapoderados, en fin los colorados o los descoloridos, los
apagados y los encendidos, todos ellos forman parte de esta patria sin
patriarca, de este esfera que rueda en el tiempo que se curva.
Todos ellos siempre hablaron de política, todos hablaban de
religión, eran como esos políticos que llegan sin llegar, que mandan sin mandar,
que tienen mandatos sin autoridad y autoridad sin poder.
Las redes nos enseñan que el homo sapiens no sabe mucho pero
que siempre cree que sabe. Inmortalmente es un homínido presto a la masacre.
Este mensaje de las redes enredadas de esta cultura nueva,
apartada, apátrida, de raíces largas e ideas cortas, siempre ha estado ahí,
pero no la oíamos, no pesaba, no rezaba, rezongaba, no mandaba, parecía como si
obedeciera, pero no era obediente sino gradiente, pendiente, aplazada,
postergada, incompleta, suspendida. No sabemos, aún si hoy si pesa, si inclina,
reclina, incrimina. Sabemos que se muestra aunque no demuestra ni dé muestra que el mundo, este mundo, donde siempre han vivido más escuálidos, que
escolares, más desventurados que aventurados, pocos venturosos, es un mundo de
cabezas donde cada cabeza es un mundo.
Muchos de exiguos medios y pocos pródigos y prolíficos y
despoderanos a todos nosotros los nihilistas, poderosos estilistas, analistas,
cronistas, archiveros, narradores, ensayistas que ensayamos y ensañamos la
cultura a los incultos.
No sabemos si tomarán el poder o podrán empoderarse, despoderar
a la razón. Desposeer a los poseídos, y volverse poderosos y posesos.
No sabemos, nadie los sabe, si hoy arribamos a la barca de
los locos, a la nave de los leprosos o al mundo donde la razón la impondrán la
sinrazón que nos prive a todos de razón sin razón alguna.
Sabemos que existen, persisten, permanecen, se expresan, con
iniquidad, con moralidades inmorales, con despotismos despostillados. Podemos
leerlo, bajo cada letra, que estamos en un umbral otro origen, un mundo virtual
contenido, desvirtuado, implícito, cundo iracundo, que no culturiza
al vulgo, de rugoso conocimiento, de cultura de poco saber, de luces de grandes
claroscuros, que no dudemos sino debemos codificar y decodificar antes de que
nos enloquezca y nos codifique, nos recopile, nos sistematice.
En fin hoy sabemos que Natura omnes non homines aequales
genuit.

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